Hoy los mayas se han cubierto de gloria. Entendamos que
ellos no tenían los niveles de predicción que tenemos nosotros. No contaron con
una app que contacta directamente con Rappel para explicarnos cuándo será el próximo
encuentro interplanetario. Ni tenían Twitter y sus miles de @profetas. En el
fondo, no tenían ni para taparse las vergüenzas.
Hoy que #elfindelmundo es trending topic en una España
cachonda a medio camino entre el cinismo y la guasa, José Luis Rodríguez
Zapatero hará un cameo en Al Rojo Vivo, el programa más intenso de La Sexta, la televisión que pagó
de su bolsillo…
Dicen las promos del programa que el ex presidente romperá hoy
su silencio. Lo dudo. Cuando uno tiene que dar tantas explicaciones acaba
enredado en las autojustificaciones.
Pero Zapatero ya es leyenda. Una leyenda mala, en mi opinión.
Es pasado. Un pasado imperfecto o incluso pluscuamimperfecto. De sus marrones
llegan estos lodos de pesimismo existencial que envuelve un país con sangre de
toro congelada por la crisis.
Zapatero desgastó las suelas del país y recortó los tacones
que nos daban soltura. Nos engañó en muchos casos con tapas baratas para
esconder en falso los agujeros de una nación que se siente informada, pero que
anda, por lo general, fácilmente manipulada. Es lo que tienen los países
extremistas: los conservadores conservan, pero conversan poco. Los progresistas
progresan hacia el regreso. Y aunque con tanta fijaciones los dos andan hacia
atrás, nunca se encuentran.
Es cierto que la herencia recibida ha sido como para
desheredar al desheredador que nos desheredó con mueca de tonto feliz. Y España
ya no sufre en silencio el triste dolor de haber tragado tanto. Y no olvidemos
que a la herencia se suma la curiosa incapacidad de Mariano Rajoy. El tiempo
dirá si su aparente parsimonia suena bien, o nos dirige a un segundo naufragio
de los que narra Pedro Jota.
Una herencia catastrófica de Zapatero es haber ahogado el
futuro del PSOE. Haber puesto a Rubalcaba como estrellita de la ilusión de un
partido descafeinado se paga, cada vez más. Como cualquier imprudencia de las
de la DGT. El
PSOE está desnortado. Ayer dejó el partido el ex de Defensa y amigo de pupitre
de ZP: José Antonio Alonso. Según cuenta en Twitter Alberto Sotillos, cada vez
que suena una campana, hay tres militantes socialistas que abandonan el barco.
Y esta situación refuerza el protagonismo de figuras
intolerables en situaciones normales, como la de Elena Valenciano. Ya tuvimos
de sobra con el encausado Pepe Blanco.
Ahora que se acaba el mundo de las bromas, estaría bien que
el PSOE se planteara una catarsis. Pero una catarsis entendida como una purificación
emocional, corporal, mental y espiritual. Y ya después que surja la política.
Si no, todo seguirá siendo sensacionalismo socialista. Casi el mismo de los
mayas… No es país éste para socialismos tan cutres.






