No, no pienso hablar de Cataluña. Ni conozco de cerca, ni soy de capaz de ponerme en los distintos pellejos. Aunque tengo mis opiniones. Pero no sé si tienen mucho fundamento. Tendré que oír, leer y pensar más.
Les presento hoy a Ana Mato soplando la primera vela de su
cumpleaños ministerial. Entiendo que saben ustedes que les hablo de la actual
ministra de Sanidad y Servicios Sociales. Una persona que está ahí, en la mole
soviética del Paseo del Prado, trabajando –en principio- por la salud de un
sistema sanitario famélico.
Cuando Rajoy decidió que Ana Mato era la nueva Ana Pastor
(no ex TVE) de la sanidad popular, muchos de los protagonistas del entorno
pusieron cara de El Fari comiendo limones. Esa mujer bronceada curtida entre
los pasillos de Génova era la elegida para cerrar heridas abiertas desde casi
siempre en un Sistema Nacional de Salud que no se cree nadie.
Algunos dijeron entonces que después de Leire Pajín,
cualquiera sería mejor. Yo lo pensé, lo reconozco. Pero ahora tengo mis dudas.
Mato llegó a Sanidad sin tener ni la más legítima idea. Era
evidente. Es evidente. Igual que Pajín. La diferencia está en que Leire –tuteando,
para que no se nos venga arriba- se estudió los papeles e interpretó el papel ventrílocuo
propio de muchos ministros. Ana Mato no. Ana –tuteando, para que no se venga
abajo- ha delegado tanto que no tiene recursos propios casi ni para responder
una pregunta parlamentaria.
Pajín dio la cara, a
veces con ordinaria predisposición. Fue mandona. Y se labró un futuro mejor en la Organización Panamericana
de la Salud. Mato
ha optado por esconderse detrás de Pilar Farjas, y a la vez intentar que la
gallega no despunte más de la cuenta. El resultado: un mutismo ridículo y el
casi unánime descontento general.
Yo no creo que las reformas sanitarias que ha planteado el
Ministerio sean todas dignas de excomunión. Las tenemos de todos los gustos y
colores. Varias las considero necesarias. Pero se nota que Mato prediseña mucho
sus decisiones. Y al final, ese cocktail en el que el ingrediente político (de
partido) es la clave de la receta, sabe mal en la calle. Porque política y
calle son casi siempre dos líneas paralelas que no se cruzan.
Mato seguramente haya trabajado más de lo que parece. Seguramente
haya tratado de formar un equipo mejor de lo que parece. Es posible que sus
reformas sean más necesarias y oportunas de lo que parece.
Pero tras soplar la primera vela, Mato parece que
desaparece. Me esperaba un poco más de sangre.
Yo me lo planteo muchas veces: pocas cosas tan duras como
sufrir en carne propia eso de tener un cargo por encima de nuestras
posibilidades. Que nos lo cuente Pajín…
Por eso, después de tanto revuelo sanitario, tengan ustedes
el convencimiento de que el Sistema Nacional de Salud seguirá siendo una
entelequia bonita.

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