Esperanza Aguirre da el salto a la privada. Quizás sea aprovecharse. Quizás sea honestidad: para lo que voy a ir a Turismo a costa del erario público, me busco una salida gratis-total para los contribuyentes, ahogados, en muchos casos, hasta el extremo de tener que pagar más que nadie por los gelocatiles madrileños.
Quizás sea un movimiento de Kasparov para seguir esa estela
de distanciamiento con el PP de Madrid. Y con el PP, en general. Desde luego,
salir en la misma foto que Ignacio González sólo puede traerle ya quebraderos
de cabeza.
Ignacio González tiene nombre de chico de club de hípica. Pero
hay demasiados hastag que le colocan a los pies de los caballos. Twitter cree –así,
yendo a bulto- que tiene cara de culpable. El pajarito considera que no es
trigo limpio. El ático. Las escuchas. Los espías. Gallardón. La sanidad
patas arriba. Güemes. El euro por la cara. Turbio.
Aguirre no se ha ido de cazatalentos así porque así. Es muy
posible que su éxodo a la privada sea una huida hacia adelante de su fracasado relevo
público. Su delfín. Su conato de tumba. Ella tiene talento. Es evidente. Pero él
y las raspas del PP de Madrid –así, yendo al bulto injusto de la generalización-
son más de caza. De disparar a quien se mete donde no le llaman.

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