viernes, 1 de febrero de 2013

Partidos y mentiras



Los partidos políticos se basaban en ideas. En líderes, en doctrinas, obediencias y coherencias. Una causa. Muchos implicados. Pero eso era antes de la globalización.
Desde que los partidos han relegado las ideas a lo anecdótico y han abierto sus filas a las gamas del más amplio espectro de relativismos, ahora se sustentan en otros pilares. En los que aglutina el tesorero. No nos pongamos románticos. Ya nadie trabaja por amor al arte. Pero una cosa es cobrar, y otra, sobrecobrar.
Los partidos políticos se sustentan en una gran mentira consentida por todos (ellos). Todos (ellos) tienen su caja B. Sus contraprestaciones. Sus sueldos oficiales, y sus sueldos reales. Es lo mismo que le pasa al presidente del Gobierno. En los papeles cobra equis, pero todos sabemos que al final, en su cuenta corriente entran dos equis, por lo menos.
Es fácil decir: los papeles de Bárcenas dicen la verdad. Así actuamos en los partidos. También en el de ese Rubalcaba con cara de "hay-que-ver-lo-que-están-haciendo-estos-señores-con-la-política". No te cree nadie. Pero mientras haya una doble moral asentada en una mentira políticamente correcta, entonces será difícil decir la verdad. Y en esa incertidumbre de los hipócritas persiste la penitencia.

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